SAN FRANCISCO DE BORJA

III General de la Compañía de Jesús, III Duque de Gandia y Marqués de Llombay, Grande de España y Virrey de Cataluña.
Francisco de Borja nació un 28 de octubre de 1510 en la Palacio Ducal de Gandia fruto del matrimonio de Juan de Borja, IV Duque de Gandia con Juana de Aragón (nieta del rey Fernando El Católico). El parto se complicó y para ayudarle en tan doloroso momento, las clarisas de Gandia, además de rogar durante horas, le enviaron el cordón de San Francisco de Asís. La duquesa prometió que si nacía un hijo varón le llamaría Francisco por devoción al santo.
La casa de los duques contaba así ya con un heredero, un niño que vivió sus primeros años en un ambiente familiar de gran religiosidad y que recibió una ecuación muy esmerada. Pero, muy pronto se enfrentó a la dureza de la vida. Su madre, tras haber tenido 7 hijos, muere un 23 de febrero de 1520, cuando Francisco tenía sólo 9 años, y su padre se casa en segundas nupcias con Francisca de Castro de So y de Pinós, con quien tuvo otros 12 hijos.
Al dolor personal tras la muerte de su madre se suma la revuelta de las Germanías, un conflicto en el que los gremios intentaban lograr el poder. En 1521 se libra una gran batalla en las cercanías del monasterio de San Jerónimo de Cotalba y, posteriormente, los agermanados saquean e incendian el Palacio Ducal; destruyen el archivo señorial que había reordenado su abuela María Enríquez unos años antes.
Francisco huye junto a su padre rumbo a Zaragoza. Tuvo como maestro a un antiguo profesor del colegio parisiense de Montaigu, llamado Gaspar Lax, considerado como excelente filósofo.
Tras finalizar sus estudios, Francisco se fue a la Corte del emperador Carlos V a prestar sus servicios con quien mantuvo una estrecha amistad. Los emperadores, encantados con un joven tan agradable y simpático, conciertan su matrimonio con Leonor de Castro, camarera de la Emperatriz y portuguesa como ella. El matrimonio tuvo 8 hijos: Carlos el primogénito y después V Duque de Gandia, Isabel, Juan, Álvaro, Juana, Fernando, Alfonso y Dorotea.
Francisco, con tan sólo 29 años, recibe el título de Virrey de Cataluña, un hecho histórico ya que con su nombramiento se interrumpía la serie de virreyes pertenecientes al estado eclesiástico y se iniciaba la de los miembros de la nobleza no catalana. Durante su virreinato, Borja, siguiendo las normas del Emperador, orientó su actividad en tres direcciones principales: la represión de los bandos y del bandolerismo, la defensa de las fronteras terrestres y marítimas, y la preparación de una posible guerra con Francia.
Pero su vida cambiará el 8 de enero de 1543 con la muerte en Gandia de su padre, el III Duque Juan de Borja y Enríquez. Aunque sus planes iniciales eran permanecer cuatro o cinco meses en Gandia, su estancia se prolongó por espacio de siete años, hasta 1550. Como hijo mayor del duque difunto, Francisco se había convertido en el IV Duque de Gandia y así firmará sus cartas en adelante.
En la corte ducal del nuevo señor pronto se impondría el rigor moral que su titular comenzaba por aplicar consigo mismo. De hecho, nada más tomar posesión del ducado prohibió los carnavales en Gandia, castigó con multas severas las blasfemias y, si ya era costumbre que durante la Semana Santa el municipio recluyera a las prostitutas a la costa, esta medida la aplicó él 7 días antes del Domingo de Ramos. Pero sus preocupaciones espirituales no le hicieron olvidar la gestión material de sus dominios. Tenía que hacer frente a los graves problemas económicos por los que atravesaba el Ducado.
Con la experiencia en la corte y en el virreinato en Cataluña, Francisco administra muy bien el Ducado de Gandia, que comprende muchos dominios, como Corberà y Albalat de la Ribera, Castelló de Rugat y pueblos vecinos, los castillos de Vall de Gallinera y Vall d’Ebo, y pueblos de la Safor, Almoines, Bellreguart, Miramar, Alcodar, Jeresa, hasta el interior de Navarrés.
Lo primero que decidió fue ampliar y fortificar la ciudad (la Vila Nova del Trapig) defendiéndola de las incursiones de moros piratas tras la ocurrida en Cullera. En 1543 escribía Borja al príncipe Felipe: “Yo espero en Dios de defender Gandia con la fortificación que hago en ella”.
Fortificaba una ciudad que vivía uno de sus momentos más prósperos a lo que Francisco contribuyó con el fomento de las dos industrias principales: la del azúcar y la de la seda.
La residencia de los Borja, el Palacio Ducal, también experimentó grandes reformas durante el ducado de Francisco. Construye el Salón de Coronas, una de las piezas más importante; amplía el espacio que ocuparon tres salas más pequeñas y levanta el techo colocando un artesanado de madera. Desde allí, se llega al despacho del santo, adosado a la capilla que hizo construir para retirarse a hacer oración y penitencia.
Francisco no podía descuidar el aspecto religioso que tanto practicó en su vida. Gandia fue un foco de espiritualidad con los franciscanos, el convento de las Clarisas, de donde saldrán 17 fundaciones entre ellas la del convento de las Descalzas Reales de Madrid, o la Colegiata que había sido ampliada por su abuela María Enríquez y para la que consigue el privilegio para el Deán de usar las insignias episcopales (báculo, mitra y solideo), además de fundar el convento de los dominicos en Llombai.
Su pasión por la música también forma parte de la historia del ducado de Gandia. La sólida formación cultural y musical de Francisco la encontramos en la Visitatio Sepulchri, representación teatral cantada que dio a conocer en agosto de 1550, poco antes de dejar Gandia para ingresar en la Compañía de Jesús. Este drama litúrgico con música estuvo representado en Gandia desde 1550 hasta 1865 siempre en la madrugada del Domingo de Pascua. Su tardío nacimiento la convierte en la última Visitatio conocida y la única que tradicionalmente se representa en la Comunitat Valenciana.
La muerte de su esposa, Leonor de Castro fue el suceso que cambió su vida. La salud de Leonor había sido siempre delicada. Leonor se sintió gravemente enferma y decidió pasar el invierno en el cercano monasterio de San Jerónimo de Cotalba. Allí, tuvo una ligera mejoría pero murió el 27 de marzo de 1546.
Apenas falleció su esposa, Francisco llamó a P. Pedro Fabro, un buen amigo jesuita. Francisco de Borja quería conocer la voluntad de Dios para marcar un nuevo rumbo a su vida por lo que, tal y como le recomendó Fabro, realizó unos ejercicios espirituales. En el momento culminante de las lecciones tomó su decisión: entrar en la Compañía.
La primera idea de Borja fue fundar un colegio para los moriscos, tan  numerosos en su ducado y educarlos en la fe pero Ignacio de Loyola le aconsejó un colegio para todos que el 4 de noviembre de 1547 se convertía en Universidad gracias a la bula concedida por el papa Paulo III.
Por entonces, Francisco de Borja ardía en deseos de ordenarse sacerdote y así lo hizo el 9 de enero de 1550. Su periplo en Gandia había finalizado; el último acto oficial que realizó fue redactar su testamento.
Francisco de Borja partía hacia Roma en donde por fin lograría conocer y abrazar a su gran amigo, Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. Un año más tarde, en 1551, recibe la respuesta de su gran amigo el emperador Carlos V: podía renunciar a sus estados. Se cortó la barba, se visitó con la sotana de la Compañía y recibió los órdenes durante las Témporas de Pentecostés. La primera misa pública de Borja se celebró el domingo día 15 de noviembre, en Vergara, ante más de diez mil fieles.
El ya padre Francisco vio la conveniencia de dotar a cada provincia de la Compañía con su propio noviciado. En octubre de 1554 propuso a San Ignacio que se abriese; uno en Gandia o Valencia para el reino de Aragón; otro en Plasencia para Andalucía, y un tercero en Simancas, para Castilla. Ignacio aprobó aquel plan, poniendo como condición que cada una de aquellas casas se pudiese mantener un número suficiente de individuos.
En 1555 tiene lugar el primer encuentro de Teresa de Ávila con “el gran  contemplativo” como llama a Borja en El camino de perfección.
Sin embargo, la Inquisición abre una nueva etapa en la vida del padre Francisco, posiblemente uno de los períodos más penosos por el prestigio de que gozaba en España, y más aún por la integridad de su fe. Francisco vio cómo la Inquisición prohibía todos sus libros y se iniciaba una campaña de difamación contra la Compañía.
En junio de 1560 el papa Pío IV le llama para trasladarse a Roma como asistente; el Papa necesitaba tener cerca ministros buenos y fieles. Desde su llegada a Roma, en septiembre de 1561, hasta mayo de 1562, el padre Francisco pudo disponer de un período de tranquilidad, que él aprovechó para rehacer sus fuerzas y para dedicarse más a la oración. Pero un hombre tan conocido como él no podía vivir retirado.
El 2 de julio de 1565, en la primera votación resultó elegido con 31 votos, el padre Francisco de Borja como III General de la Compañía de Jesús. Una de sus primeras acciones fue comenzar las misiones en lo territorios de la América española.
Tras un penoso viaje por varios países para frenar la expansión de los turcos en el Mediterráneo tal y como le había encargado el papa Pío V, se debilita su salud. Al intentar volver a Roma, el cruce de los Alpes le obliga a hacer varias paradas y permanecerá en Ferrara más de 4 meses. Francisco sabe que está gravemente enfermo y decide llegar a Roma como sea, para morir allí. A los pocos días, la noche del 30 de septiembre al 1 de octubre de 1572, muere en Roma tras una larga agonía, a los 62 años. Antes de enterrarle, se le hizo la autopsia y se le sacó una mascarilla de su rostro (como se hizo con Ignacio de Loyola) que se conserva en el Palacio Ducal de Gandia. Fue enterrado en Il Gesù, la iglesia romana de los jesuitas pero a principios del s. XVII el duque de Lerma consigue traer su cuerpo a España, a las Descalzas Reales que fue incendiado. Sus cenizas se veneran hoy en una urna de la iglesia madrileña de los jesuitas en la calle Serrano.
El principal promotor de su canonización de Borja fue su nieto, Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lerma y ministro favorito de Felipe III. En 1624 lo beatificó Urbano VIII y el 12 de abril de 1671, Clemente XI lo hizo santo. Francisco de Borja es el patrón de Gandia y de la nobleza española y su onomástica se celebra el 3 de octubre.
 

 

 

 

 

 

Abrir enlace en ventana nuevaAbrir enlace en ventana nuevaAbrir enlace en ventana nuevaAbrir enlace en ventana nuevaAbrir enlace en ventana nuevaAbrir enlace en ventana nuevaAbrir enlace en ventana nuevaAbrir enlace en ventana nuevaAbrir enlace en ventana nuevaAbrir enlace en ventana nuevaAbrir enlace en ventana nueva